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Critica

2007: Lucila Rolón -'El juego de la vida' Magazine Aerolineas Argentinas

El juego de la vida

A los diez años supo que el arte era su camino y fue directo tras él. Más de cuatro décadas después, la argentina Silvia Brewda asegura que no se equivocó. Su producción comprende pinturas, obras sobre papel, objetos, joyas, libros de artista, juegos y murales. "Soy una apasionada, nunca me conformo y siempre busco más", dice. Definitivamente es cierto. De manera inteligente y sutil, la artista dio vida a obras de lo más variadas, siempre relacionadas entre sí, todas sustentadas en muchísimas horas dedicadas a la investigación. Primero se embarcó en la aventura de recuperar la historia hurgando en los vestigios del siglo V helénico. De la mano de Pandora abordó el rol de la mujer y la vida cotidiana en la antigüedad. Luego se conectó con el juego, sus orígenes, el fútbol, los autos y un mensaje concreto: "El ser humano tiene la posibilidad de conservar por siempre esa parte creativa con la que jugaba de niño. Lejos de ser patrimonio de la infancia, el juego puede aparecer durante toda la vida en todas las conductas sociológicas". Ésta es su propuesta. Una tentadora invitación a sacudir la monotonía cotidiana. Un guiño a la libertad.
Dicen que sus trabajos son el resultado de su interpretación de la condición humana. ¿Qué cree usted?
Es cierto. Nunca hice paisajes ni naturalezas muertas. Aunque haga algo casi abstracto, como lo último en lo que he trabajado, el hombre siempre está presente. Me interesa verlo en sus conductas, siempre hago descripciones de su forma de vida, de su realidad, de sus sentimientos. Lo busco a través de su historia, y eso relaciona mis series.
¿De dónde surge la necesidad de investigar antes de encarar sus obras?
No sé bien de dónde, siempre fue así, una necesidad de pensar el concepto de lo que quiero trabajar, para luego empezar a meterme con la idea, investigarla, encontrar un significado claro para mí para, después, pensar cómo lo voy a elaborar. Creo que la obra tiene que tener una idea detrás, con buena técnica no alcanza.
Sin embargo, muchos artistas fueron reconocidos principalmente por sus destrezas.
Sí, porque ese era el mandato académico. Cuando empecé a estudiar, hace más de 40 años, la obra empezaba desde la técnica, surgía de agarrar el pincel, el óleo jugar con los colores. Un buen artista era aquel que tenía habilidad, una buena mano y un buen dibujo, las ideas no eran tan importantes. Por suerte, con los años y la experiencia, pude volcar en mi trabajo todo lo que me fue interesando y aprendiendo dentro y fuera de las artes plásticas.
El proceso de creación no siempre es placentero. ¿Cómo fue para usted es un tema alegre como es la serie de juegos?
Fue muy feliz. Se vendió, tuve premios, y la quiero mucho, porque cuando la gente se para frente a sus piezas en seguida se enternece y sonríe.
Es un tema que la marcó personal y profesionalmente.
Estaba investigando desde lo histórico y eso me llevo a los juegos. Antes había tratado el mito de Babel, el vínculo entre la destrucción y la construcción. Mientras me documentaba, encontré otras cosas muy interesantes. Investigué criptas, sarcófagos, ánforas del siglo V helénico, piezas que cuentan historias de vida en sus bandas con decorados: relatos de danzas, cómo se maquillaban y cómo jugaban. Por ejemplo, vi que gran parte de los juegos eran entre hijos y madres, nada de padres. Con esta novedad para mi, armé el proyecto Sinfín y la serie Piedra Libre, para que el juego no pare nunca.
Ese es su deseo, tangible en las tres etapas de su trabajo lúdico, La primera tiene un carácter documental, con información basada en los pueblos egipcios, grecos y romanos. La segunda se sostiene en el aspecto más social, como los de mesa o los de azar. Y la tercera es casi autobiográfica. La artista se dispuso de lleno a la famosa muñeca Barbie y sus connotaciones: "Nació como juguete pero marcó la estética de la locura del cuerpo", detalla. Al mismo tiempo, trabajó perinolas de madera, un juguete antiguo que se contrapone a la figura de la muñeca Barbie. "Barbie representa los sofisticado, el siglo XX; y la perinola es pura sencillez, efectividad divertida a través de los años".
Habla con mucho afecto de su trabajo. ¿Cómo fue exponerlo y venderlo?
Cuando tenés las obras en el taller es una cosa, pero cuando salen a la galería es otra. Es duro, uno se encariña porque detrás de cada objeto hay mucho trabajo, tiempo dedicación. Es como un duelo, una despedida. Pero es muy positivo también y hay que hacerlo.
¿Cómo piensa en el espectador?
Es muy importante. En las exposiciones suelo poner horarios de encentro con el público para que podamos estar en contacto, relajados. Por otro lado, a veces hago obras para que puedan participar. Tengo unos bastidores de 35x35cm, trípticos o en grupos de cinco o siete, para que la persona que las lleve pueda colgarlas como quiera: en cruz, perimetralmente paralelas.
¿Qué siente al revisar su camino artístico?
Nostalgia, pero también satisfacción. Si miro hacía atrás encuentro algunas obras más frías, porque las hice en épocas de búsqueda y hoy no me siento identificada con el resultado. Pero además veo otras más cálidas, inextensas, que hasta a mí me sorprenden. Yo amo esta carrera, nunca fue un pasatiempo, para mí es un trabajo, le doy ese carácter.