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Critica

2002: Lineth O. Del Cid T. - 'Los juegos de Silvia', Diario La Prensa, Panamá

La pintora Silvia Brewda llegó de Argentina para estar en la inauguración de su muestra "Juego de los juegos", en la galería Arteconsult. Deseaba ver las expresiones de los asistentes al detenerse ante uno de los cuadros dedicados a recordar y exaltar los juegos, los juguetes y la imaginación.
Le llevó a la pintora algo más de un año preparar la muestra. Se documentó con libros de historia, desde allí se adentró a un mundo maravilloso donde el protagonista eran los juegos infantiles, aquellos creados con trozos de telas, de rayas, de círculos, con caucho, sin tecnología.
Explica que con el título "hicimos un juego de palabras, Juego de los juegos, que estimulan, así como jugar desde la creatividad. Crear es jugar y jugar es crear, es como encontrar la parte lúdica a la creación. Los artistas somos bastantes torturados al buscar la creación, a veces sufrimos, a veces disfrutamos, no todos los momentos son de rosas", dice con una sonrisa.
La invitamos a recorrer la sala de exhibición. Ante cada cuadro comenta la idea que la llevó a dar forma al cuadro, además de ofrecer detalles de su carrera plástica que se inició cuando tenía 10 años, en Buenos Aires. Una carrera, como bien lo dice Silvia a la que fue añadiendo otros roles como el de esposa, de madre, de docente en arte para niños y adultos y de mujer, "y de mujer artista", afirma.
Confiesa que la vida de una mujer artista es bastante difícil por los otros roles que se aceptan, "ya que la vida de una artista mujer es también estar con la familia, ir a una muestra, trabajar todo el día. La obra no genera si uno no se lo toma como si tuviera que marcar tarjeta. Acá no hay jefe, no hay horarios, que es peor todavía, además de la nena que tiene fiebre y que tenés el pollo en el horno", dice.
Hace algunos años mantuvo su taller en el mismo edificio, donde tiene su hogar, hoy, prefiere desconectarse e ir al taller a trabajar y cuando llega la hora, regresa a "la casa y tomar el rol de esposa, de madre, ver mis plantas".
Ante esta cantidad de responsabilidad, lo que ayudó a seguir en "esta carrera que me interesa" fue la organización de los tiempos. "Más allá de que la obra gustara, de que se vendiera, me dedico y trabajo mucho. Todos los días a partir de las 9 de la mañana”. Acepta que le encanta trabajar con la luz natural –" nunca fui nocturna"–, y en su actual taller se recuerda en el salón con grandes ventanales un techo de vidrio y muchas flores.

A jugar

La obra de Brewda está sustentada en horas dedicadas a la investigación. Los resultados la ayudan a re-crear aquello que descubre en costumbre, en formas de vida, monedas y en ánforas, "en donde hay relatos de vida, son como libros".
Su interés recayó entonces en las mujeres. Confiesa que le costó muchísimo hallar información “porque la historia está basada en los hombres y yo quería hablar de mujeres”. Especialmente para este proyecto encontró información en las ánforas, en las criptas funerarias y en sarcófagos.
Durante esta investigación se topa Silvia con el juego, ya “que la educación ilustrada era para unos pocos. Para la mayoría los juegos era la educación”. Y nacen entonces los primeros trazos para su actual muestra.
Nos confía que la muestra se divide en tres grupos: el primero es más documental, información hallada de los pueblos de Egipto, Grecia y Roma, la segunda, la conforma el juego más social, los juegos de mesa por ejemplo, y la tercera, es más autobiográfica.
En esta tercera Brewda incluye aquellos juegos de la nena que busca los zapatos, la ropa y las carteras para disfrazarse de la mamá. O esos zapatos que me recuerdan mi niñez.
Al recorrer la sala el visitante se topa con cuadros grandes, medianos y pequeños. Cada uno representa esa vertiente de trabajo creativo que colorea recuerdos infantiles con caballitos de madera, muñecas, canicas de vidrio, ábacos, cruces, rayuelas, dados, “ tengo tanto de juego como de divertimiento, de la recreación” en diversos tipos de la historia.

Unas preguntas

- En sus cuadros nos encontramos con el dibujo de un ser humano, pequeño, inserto en el diálogo creativo. ¿Qué significa?
- Siempre, siempre lo hago pequeño. Es como la impersonalidad del hombre. El hombre no tiene protagonismo, es más protagonista la historia de los objetos y la historia de esa forma de vida que el hombre en sí mismo.
- ¿Se divirtió?
- Muchísimo. Nada sufrida.
- ¿Qué tiempo le llevó preparar la muestra?
- Es obra de un año y medio.
- Si le tomó año y medio la muestra ¿cómo ‘jugaba’ mientras recibía la presión de las calles?
- La mayor parte de la obra la trabajé de octubre hasta este momento.

Diciembre fue terrible, dolorosísimo, desubicante. No sólo de afuera venía la presión que tuvimos, sino además la inseguridad que provocaba el no saber que ocurría. Cuando uno sabe que va a vivir tiempos difíciles se acomoda a la situación, pero no sabíamos que pasaba, no sabíamos hacia donde íbamos y eso provocó muchísimas angustias. Yo me encerré. Decía ‘me voy a mí isla’ cuando salía de mi casa y me iba al taller. Fue el taller una isla de paz, sin perder conciencia de la realidad.