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Critica

2002: Mercedes Casanegra - Prólogo "Juego de los juegos", Panamá, República de Panamá

“Nuestra vida cotidiana es un caminar constante por la simultaneidad de pasado y futuro”, esta proposición del filósofo alemán Hans-Georg Gadamer, podría ser una máxima tácita básica que Silvia Brewda ha mantenido como uno de sus núcleos conceptuales a lo largo de su desarrollo artístico de los últimos años. Su presencia se hace evidente también en la serie “Juego de los juegos”. Otra constante suya es la de hacer intervenir en el hecho artístico la investigación histórica. Esta vez su eje temático ha sido el juego, los juegos de todos los tiempos. Cada una de las obras pictóricas, incluye un tipo de juego concreto, desde los juegos formales y ancestrales a otros, informales. Las canicas, el dominó, el ta-te-ti, la rayuela, la peonza, las marionetas, las muñecas, hasta los basados en la improvisación de la ocurrencia infantil. Pero, en la actitud de Silvia Brewda hay un tipo de sistematización, de registro, casi enciclopédicos. Hay un intento de posar en el horizonte del presente toda una infinita gama de formalizaciones lúdicas que vienen desde antaño y continúan, transformadas o no, en la actualidad. Y que poseen una vigente vitalidad. Cada obra funciona como la página de un gran libro, pues hay en ellas una breve narración y un tipo de diagramación de ilustración libresca. En cada cuadro se ilustra un juego diferente. Por otra parte, los elementos, su representación están superpuestos a un rasgo habitual de la obra de la artista: texturas diversas. Apuntamos, por lo tanto, a una hipótesis. Cada página no sería solamente una página en blanco. Cada juego singular estaría enfrentado a un entramado que funcionaría como la conciencia humana, tanto individual (ninguna es igual a otra), como colectiva. Tramas de la conciencia y del tiempo urdidas entre sí, y entre ellas el elemento lúdico particular. En una instancia siguiente, tanto la artista como el espectador reconocerán en el juego un elemento que al ser propio de la misma cultura a la que pertenecen, les corresponde. Se trata, también, de un instrumento de identificación. Gadamer se refiere al juego y al juego hermenéutico en la obra de arte como “un ser-activo-con”. Es decir, hoy el arte nos propone una “tarea de la construcción de la obra misma”.(1) Agregaríamos a esto, como parte de la hipótesis también, que hay una tarea posible de identificación y de construcción de nosotros mismos a través del arte contemporáneo. (Se trate ya de una performance en vivo, como de un cuadro, como de una escultura). Es uno de los desafíos que nos propone el presente. Dentro de esta propuesta del arte como juego y del juego como instrumento de identificación, Silvia Brewda opone también la trama de todos los juegos posibles. Finalmente, la reflexión resultante incluye también el concepto de símbolo como tessera hospitalis, aquella mitad que, entregada tiempo atrás a un anfitrión por alguien de nuestra raigambre, al reconocerla nos completa. Hace que nos reencontremos con la otra parte de nosotros mismos. Y del juego hemos pasado al símbolo. La posmodernidad se ha encargado de recordarnos especialmente nuestra conciencia de la fragmentación y de nuestra existencia como fragmentaria. “...existe el otro fragmento, siempre buscado, que complementará en un todo nuestro propio fragmento vital.”(2) ¿No es acaso el juego un intento de reconstruir por un lapso, mientras el juego dure, nuestra sabida falta de completitud? Todo intento artístico contemporáneo, todavía en esta etapa post-duchampiana, incluye un gesto. El de Silvia Brewda intenta ser un gesto amplio, abarcador. En tiempo y en espacio, pero con un claro objetivo: el antropológico. Los juegos, conocidos por todas las culturas, a través de todos los tiempos, han sido, entre otras tantas interpretaciones, modos de transitar este individual-colectivo e ineluctable tránsito de la existencia. ¿Arte y juego-Juego y arte, podrían ser las dos caras de un Jano bifronte? Interpretaciones, al fin, de la existencia humana vistas desde otro lugar del universo. (1) y (2) Hans-Georg Gadamer, “El simbolismo en el arte” en La actualidad de lo bello, Paidós, Barcelona, 1996.