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Critica

1993: Elena Oliveras - Prólogo "Laberinto", Buenos Aires, Argentina

No obstante las diferencias con trabajos anteriores, las pinturas y cajas realizadas por Silvia Brewda en los últimos años mantienen constante su interés por el tema del hombre y por los conceptos de desborde y fragmentación. Si el recurso del collage, en 1987, le permitió pasar de la representación de aquellos conceptos (en pinturas Como "Mundo" o "Maruja") a su puesta en materia (como en "Cola busca gato" o "Por vos yuyeta"), la introducción de las cajas, en 1990, le permitirá pasar a su puesta en escena. La experiencia del collage ha sido para ella decisiva. No sólo por la importancia que en él asume el fragmento y el montaje o por la "cita directa a la realidad" sino también por la huella de materiales heterogéneos sobre el plano pictórico, huella que da testimonio, por otra parte, del tiempo implícito en el proceso de producción. Centralidad del tema del hombre Aunque hoy pueda resultar desplazado de la escena por animales en poses hieráticas o por monumentos de la cultura, el hombre ocupa en la temática de Brewda un lugar central; lo encontramos en tempranos dibujos, en las pinturas, en los collages y en sus tres series de cajas -la de los muros la de los interiores y la especial-. Extrañas escenografías, surgidas de una insólita "fricción" de tiempos, dan su nota característica de esa última serie. Primitivas y esquemáticas figuras humanas conviven así con fragmentos de arquitectura griega y romana y con variados dispositivos, jeroglíficos y ornamentos de construcciones egipcias y pompeyanas resaltadas a veces en sus brillos y texturas. Esa fricción -también presente en pinturas recientes- subrayará la desterritorialización o pérdida de un lugar propio del hombre contemporáneo. Nunca como en su obra del presente resalta la condensación de una experiencia de vida, experiencia que, como ocurre con las auténticas obras de arte, coincide con nuestras propias vivencias. Podemos afirmar que hay "obra" cada vez que un artista, al introducirnos en un mundo diferente lo hace nuestro también. Y esto es así porque dando una nueva dimensión imaginaria- de la experiencia, revela una relación fundamental del hombre en el mundo. En este sentido, Brewda siente, investiga y devela problemas, dependencias, temores, sueños y aspiraciones que comparte con sus contentemporáneos. Podemos afirmar que su labor como "investigadora" es doble, ya que se ha repetido en el plano técnico. Sin reparos, ha indagado con tal libertad en medios tan diversos como el dibujo de un lápiz o carbón, la pintura acrílica, o el collage, la cerámica, el papel maché, la purpurina (para dorados y cobreados), el estampado, las pátinas. Con el correr del tiempo, la figura humana alcanza en sus trabajos una síntesis mayor. Convertida en gráfica elemental, abandona el peso de su cuerpo, su aspecto "carnal" Como en algunas transcripciones rupestres se ve reducida a un esquema, casi un garabato, y opera cual un módulo repetible al infinito, perdiendo así su individualidad. Curiosamente, el seccionamiento de sus partes no supone interrupción de sus variadas e indescifrables acciones. Como en etapas anteriores, esas acciones desbordan los límites de inestables escenas. Sin evidenciar un por qué que me permita resolver el enigma de sus actos, los personajes se agrupan, caminan, corren, caen, saltan al vacío, suben escaleras, juegan a mantener el equilibrio, sostienen columnas, llevan trofeos y estandartes. Aún sus cuerpos fragmentados, van (¿hacia dónde?) y vienen (¿de dónde?), interceptados en su andar por grupos de animales que pacientemente parecen seguir un camino atemporal. Por momentos se sujetan a sogas, recuperándose así el tema de la atadura. Quince años han pasado en efecto, desde la serie de dibujos "Ataduras"; pero el tema del anclaje y la sujeción sigue vigente aunque ahora indica más una condición general de lo humano que la cohesión particular de un momento de nuestra historia marcada por el autoritarismo y la violencia. Es el caso de "Tiempos oxidados", "Monumento inmemorial", "Monumento consagratorio", "Puerta del paraíso", "Ombligo del mundo" o "Antiguos frisos". En lo que respecta a la fragmentación, otra de sus constantes, observamos que hoy acepta el corte mas neto del segmento en posición tanto horizontal como vertical. Paralelamente, se subraya la idea del "cuadro dentro del cuadro", idea que lleva a pensar que, en otros contextos, la parte puede también ser el todo y viceversa. Si cada cada cuadro total condensa un "mundo" podemos decir que más que múltiples alternativas de un único mundo real, Brewda presenta mundos posibles.

EL LABERINTO COMO SIMBOLO

Sin jerarquías ni centros no hay un camino sino pluralidad de vías virtuales, distintas orientaciones y ordenamientos para inciertas salidas. Al no contarse con ejes o estructuras sobresignificantes no hay nada que haga posible una articulación definitiva. Las múltiples entradas posibles para cada segmento del cuadro deriva en irreconciliables líneas de fuga por las que las figuras se escapan sin cesar. De allí la elocuente focalización, en la producción actual de Brewda, del concepto de laberinto. Más que un motivo o simple diseño de caminos imbricados y de complejas salidas, el "laberinto" funciona como concepto o símbolo capaz de designar otra cosa: la pérdida del lugar del hombre, su desterritorialización y, en consecuencia, la dramática necesidad de encontrar un camino que conduzca a un nuevo territorio (físico y mental) específicamente humano. Cumpliendo con una función esencial del arte -el hacer ver el laberinto- contribuye a clarificar la imagen no siempre precisa del hombre contemporáneo en su mundo. Nos lleva a pencar en la importancia del camino y del propio espacio para quien, al igual que las figuras que se mueven de manera errática, transita por senderos -como el del animal- que no le pertenecen. Por otra parte, al completar sus movimientos ¿persigue el hombre algo más que la recuperación del lugar perdido? ¿Acaso alcanzar lo trascendente o lo sagrado que a veces se le interpone? ¿Aspira, como en otros tiempos, al monumento y a la celebración? ¿Existe para él un destino final? Las obras de Brewda no emulan el pathos o emoción intensa que producen estos interrogantes, propios de un mundo no continente. Pero al concentrar la atención en las preguntas suspenden, momentáneamente, el sentimiento de angustia. Son, por eso, el reverso del grito. Las respuestas que nosotros podamos encontrar, como las entradas del laberinto, serán siempre reversibles y expulsables. La única respuesta segura es la que niega la existencia de un lugar de destino final. Por eso el laberinto se vuelve "imposible". Sólo permite hacer y deshacer caminos para así, continua e inexorablemente, volver a empezar.