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Critica

2010: Ignacio Gutierrez Zaldivar - El encanto de lo cotidiano - Revista el federal

Abierta a todo tipo de técnicas, Silvia Brewda busca captar el día a día de las personas, tras un pulcro trabajo de investigación que después lleva a la imagen. Su producción comprende pinturas, obras sobre papel, grabados, objetos, libros de arista, juegos, murales. “Soy una apasionada, nunca me conformo y siempre busco más”, nos cuenta. Pero para ella, “solo la técnica no alcanza, considero que la obra necesita una idea viva y clara”. Por eso realiza una investigación previa, un trabajo de archivo, reúne, clasifica la información para luego sintetizarla en la imagen. Silvia Brewda nació en Buenos Aires, el 12 de febrero de 1949, hija de un inmigrante polaco y una mujer argentina. Recuerda que cuando era niña se la pasaba dibujando, era su mayor entretenimiento y tal vez, sin darse cuenta, el comienzo de su carrera. Así, al terminar la escuela primaria, ingresó a la escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Continuó sus estudios artísticos en la Escuela Prilidiano Pueyrredón recibiéndose de profesora de Pintura. Sus maestros fueron, entre otros, los pintores Carlos Cañás, Jorge Demirjián y Emilio Renard; y Fermín Fevre, Rosa María Ravera y Elena Oliveras, en las materias teóricas. Tiene desde entonces, su taller en el barrio de Almagro, donde trabaja en la creación de su obra y además desarrolla su labor como docente. “En cuanto a mi obra, me motivo con todo tipo de elementos, textos, fotografías, observaciones. En cuanto a las realizaciones, estoy abierta a todo tipo de técnicas: pintura, dibujo, grabado, objeto”, nos dice Silvia. El disparador de sus obras son aquellas cosas de la vida cotidiana de hombres, mujeres y niños; los del pasado, los del presente y seguramente los del futuro. Juegos, costumbres familiares, el fútbol, los autos, elementos significativos en las historias personales, tantas cosas que se transmiten de generación en generación…”El ser humano tiene la posibilidad de conservar por siempre esa parte creativa con la que jugaba de niño. Lejos de ser patrimonio de la infancia, el juego puede aparecer durante toda la vida en todas las conductas sociológicas”, expresó la artista. Desde hace años trabaja sobre el juego, tanto en su aspecto documental, como el autobiográfico. Los recuerdos de la infancia, la valorización de la creatividad de los niños, actuando y creando ficciones, jugando a ser grandes, a ser papá o mamᔅNacieron así diferentes series: “La tuerca”, basada en los automóviles de los años 50, verdaderos modelos de vanguardia, amados e idealizados por toda una generación. La pasión y fervor masculino por el fútbol es el tema de la serie “Gooool”. La versión femenina de estos mitos sociales y culturales se ve reflejada en la serie “Barbies”, esas muñecas que son un símbolo de la sobrevaloración de la estética del cuerpo y el consumo. Sus últimas obras nos invitan a la cocina, lugar emblemático de una casa: “Cocinar es jugar, divertirse, mimar, evocar. Esta es una propuesta que tiene que ver con lo femenino, con reconocer el legado que recibimos. Memoria olfativa, recuerdos de sabores, asociaciones afectivas. Cocinar es un acto de amor. El pan tiene su lugar, con su maravilloso simbolismo del compartir, sus texturas, formas. Amasar no es solo unir ingredientes, sino tejer experiencias personales y culturales…”, nos cuenta la artista. Y sin duda sus obras nos estimulan al surgimiento de nuestras más bellas evocaciones. Gracias, Silvia”